Verano del 1837-descripción del
temporal
que
azota en ese año

En el legajo 4598 con fecha del 4 de septiembre de 1837- “el Comandante de
Marina de la Provincia de Puerto Rico da cuenta de las desgraciadas ocurrencias que ha causado
en los Puertos de la Isla el horroroso temporal acaecido en ella, la noche del 2
de agosto del corriente año.”
Se recibió en Madrid el 14 de noviembre de 1837,
desde la Comandancia de Marina de la Provincia de Puerto Rico, una carta
numerada 215 con la siguiente descripción de lo acontecido y citamos[1].
Escmo.
Señor
Desde
que empezó este año se está sufriendo en este país una seca nunca conocida,
acabó con las frutas y legumbres que forman el principal alimento de sus
habitantes, llegó a faltar el agua en la Ciudad y era triste ver llegar la
muchedumbre agolpada a los muelles para recoger la que en canoas hacia traer el
Ayuntamiento y algunos particulares de los ríos que
desembocan en esta bahía, las cosechas se habían desmejorado por esta
razón, y estancados los frutos por la paralización del Comercio que produjeron
las numerosas quiebras de los Estados Unidos, no se hacia la extracción como
otros años y los frutos del país estaban a precios bajos al mismo tiempo que
se encarecían los de consumo de primera necesidad. A fines de Junio empezaron
las aguas y con la concurrencia de buques parecía que iban a desaparecer las
aflicciones que nos mortificaban, ya empezaban o olvidarse las privaciones y
escasees que se habían experimentados cuando el “ de Agosto anocheciendo con
un aspecto feo se declaró un temporal tan horroroso aquella misma noche, que no
es fácil describirlo. La generalidad con que padecieron indistintamente los
treinta y tres buques que se hallaban hondeados en el puerto y constan de la
relación y oficio que me pasó el Capitán de este Puerto, que acompaño en
copia, así como lo notorio que es la cause que ha motivado tantos desastres,
fue la razón que tuve para omitir los trámites de averiguaciones sumarias que
nuestra ordenanza previene para los casos de naufragios, bien persuadido que
llenaba mi deber de un modo mas laudable dedicando mi atención al socorro y
auxilio de los desgraciados en cuanto estuviese a mi alcance, que formando
sumarios para averiguar un hecho que de todos era sabido. Los estragos que ha
producido son de tal naturaleza que no se atina a deducir con asiento el cómo
pudieron efectuarse y ¿quien pudiera observarlo a descubierto que no fuese víctima
de su impetuosidad? En las casas nadie durmió aquella fatal noche, ni había
una sola persona que no estubiese ocupada en asegurar y atrancar las puertas y
ventanas para conservarse y prevenir el edificio donde cada uno se hallaba. Los
treinta y tres buques mayores que había en el Puerto, cuando amaneció no se veía
ninguno en la bahía ¡que de lastimar! ¡Que aspecto tan melancólico
presentaba el Puerto! Solo se percibían los topes de dos que se habían ido a
pique y la gente que se había podido salvar apiñada sobre
ellos, otros dos zozobrados sobre un banco con la mayor parte del buque
sumergida, estaba la gente sobre la que tenían descubierta, uno de estos era la
Goleta Pepa, salida de Cádiz para la Habana que entró por la tarde y tenía a
bordo los diez y seis pasajeros que traía, la mayor parte de estos se hallaban
bajo de cubierta y como las escotillas estaban puestas y las cubría el mar fue
necesario llevar hachas y abrir boquetes para sacar aquellos infelices que se
habían podido sostener con el agua al cuello, tocando con las cabezas la
cubierta y agarrados a un alambre, tres de estos desgraciados se habían ahogado
así como un piloto y dos marineros de su tripulación, salvándose los demás
sobre la parte de buque se veía
fuera del agua, no se veían mas que destrozos en todo el espacio que alcanzaba
la vista para el E. del Puerto, allí se hallaban unos zozobrados, muchos
desarbolados y todos barados a mar o menos distancia de la playa: así que
amaneció salí de mi casa para el muelle, en todo el tránsito no sé jiraban
sino escombros, puertas, ventanas y toda clase de despojos de los edificios de
la Ciudad que más o menos todos habían sufrido considerablemente, ya hallé al
bien activo Capitán de este Puerto Teniente de Navío D. Antonio Aubarede que
había reunido alguna marinería, y con ella y la que había en el Arsenal se
echaron al agua algunas lanchas que fueron saliendo para los buques que mas
breve auxilio necesitaban, fue aumentándose la concurrencia con el (?) sin que creciese el ruido común de la reunión, nadie habla mas
que lo más preciso y en todos los semblantes sé (ve) pintada la tristeza que
presentaba un cuadro tan (lastimoso). Los habitantes que habían pasado aquella
fatal (?) aun en los edificios más fuertes que hay en la Ciudad, han temido por
su existencia y amanecían como admirados de hallar algo que existiera aun, los
semblantes a los náufragos que iban llegando eran la mejor relación de todo lo
que habían padecido, fueron pareciendo algunos cadáveres que afortunadamente
no pararon de once, debido sin duda a que lo mas fuerte del vierto fue del N. O.
hasta el S.O. y que creciendo la mar en el Puerto muy considerablemente todos
los buques fueron arrojados donde no hay una piedra y el fondo en blando de
fango o arena fangosa. Buques de bastante porte se hallan hoy en tierra, unos en
parajes que tuvieron que montar por un banco que comúnmente no tiene mas que un
pie de agua, una goleta casi intacta se halla en el camino real a mas de una
milla de distancia del mar, otra Goleta que la chocó un bergantín Americano
que arrastraba sus anclas desapareció salvándose en el Bergantín toda su
tripulación y sin que hasta hoy haya sido posible hallar de ella otro vestigio
que dos anclas con dos cadenas con las que estaba amarrada.
Se podría formar una historia de la relación de los sucesos
particulares de cada buque en aquella fatal noche, si todas ellas no pareciesen
fabulosas por la extrañeza de tantos casos extraordinarios que no hay
experiencia ni aun imaginación bastante feliz para poder deducir el cómo hayan
podido verificarse naturalmente. Hace treinta y cinco años que empecé a
navegar y cuando había atravesado la mayor parte de los mares del globo y
repetidas veces lo más tormentosos que se conocen me había persuadido que un
buque bien constituido y bien mandando debía dominar los elementos aunque se
desencadenasen: no contaba yo con
lo que sucedió aquí la noche del 2 de Agosto que siento mucho haya sido de
noche para haber visto como se habían efectuado mucho de los casos que no se
concibe la posibilidad natural de su ejecución, bien que hay en este suceso
tantas extrañezas que admirar, que cada día me confundo mas con las relaciones
que voy recibiendo de los demás Puertos de
la Isla, que siendo tan corta aprecia natural que en toda ella se hubiesen
sentido los mismos efectos, a lo menos en la parte descubierta al N. por el O.
hasta el S. que es por donde reinó lo furioso del tiempo, pero ni aun así
sucedió, pues en los Puertos del S. de la Isla no hubo sino muy pequeñas averías
y solo en las inmediaciones de la Capital y muy pocos puntos del resto de la
Isla causó daños de consideración en tierra el temporal, como se convence de
la relación que también acompaño de las novedades ocurridas con tal motivo en
los Puertos de ella extractada de los partes que he recibido de los respectivos
Ayudantes y Subdelegados.
Sobre todo es inconcebible y de todo punto incombinable, la relación de
los acaecimientos de aquella horrorosa noche en nuestra vecina Isla de San Tomás: esta desgraciada población en las primeras horas de tan
fatal noche se hallaba con la mitad de las casas en tierra y todas las demás
fueron muy maltratadas, se perdieron la mayor parte de los treinta y siete
buques que había en aquel Puerto ahogándose cuarenta personas, aseguran que
cuando reinaba el N. E. en la mitad de la Ciudad, había N. O. en la otra mitad:
una casa que tiene 36 pies de frente, 16 ½ de fondo fue arrancada y
levantada lo menos 25 pies, pasó por sobre una muralla y chimenea y fue a
quedar 17 ½ pies mas elevada y a 56 ½ pies
distantes de donde antes estaba y en donde hoy se halla con casi todas sus
vidrieras enteras, aun no había cesado el temporal cuando se declaró un
incendio en uno de los almacenes del Comercio, acudió a tiempo todo el
vecindario y guarnición y se logró contarlo, pero murieron sobre sesenta
personas y hubo un considerable numero de heridos, causó perdidas de bastante
consideración, pero fueron mayores las que ocasionó la mar que saliendo de los
limites ordinarios inundó muchos almacenes y causó muchas ruinas, son de mucha
consideración las que produjo en aquellos campos, siendo muy notable la
observación de que las haciendas de la falda del N. del S. con viento del N. Si
se atiende a esta particular rareza y a la de haber amanecido el día 3 todos
los algibes de esta Ciudad con el agua salada parece lo más natural que alguna
manguera formidable descargó sobre las dos Islas el viento a torrentes y a
nosotros nos tocó alguna parte del agua del mar que había recogido; en las
inmediaciones de San Tomás había cuatro Bergantines Españoles, la Flor de
Puerto Rico que venía del Africa con un rico cargamento naufragó pereciendo
toda su numerosa tripulación sin que se haya salvado mas que un hombre. El
Bergantín Cándido que había salido de este Puerto el día antes para el de
San Tomás con varios pasajeros y bastantes intereses, se estrelló en un bajo
de las inmediaciones de aquel Puerto según los fragmentos que se han hallado.
Dos bergantines que venían con harinas de Santander, el uno zozobró y de nueve
personas que lo tripulaban se pudieron salvar cuatro con el Capitán Mendizona
que lo mandaba: estos infelices despues de estar cuarenta horas sobre la pequeña
parte del buque que flotaba los recojió una lancha de un bergantín de guerra
Danes en donde murió al poco tiempo uno de aquellos infelices. El otro el
Serantes casi que zozobrado pudo picar el palo mayor y sin saber como se halló
dentro de una bahía y dando fondo a todas sus anclas amaneció en San Tomás y
hoy se halla aquí reparado y descargando su harina. Todo lo que pongo en el
superior conocimiento de V. E. a los fines correspondientes.
Dios que. a V.E. m. a. Puerto Rico 4 de Setiembre de 1837.
Excmo. Sor.
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